LOS PRIMEROS VESTIGIOS DE CAN FONTANALS

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Los primeros vestigios de la masía de Can Fontanals datan del siglo XVI. La construcción es de tipo tradicional con un arco de herradura en su interior y unas aspilleras de defensa adosadas a las paredes laterales. Ya desde sus orígenes la actividad principal a la finca eran el cultivo de la vid, cereal y leguminosa.

El apellido Fontanals, nombre de la Masía, perduró a lo largo del tiempo hasta 1847 cuando Esperança Fontanals contrajo matrimonio con Adjutori Esteve. A pesar de este cambio de apellido la casa se continuó llamando “Can Fontanals”.

A finales del S. XIX se produjo un hecho importante para todo el Penedès y que, lógicamente, también afectó nuestras tierras: la filoxera mató todas las viñas. A esta dramática circunstancia se añadió la quiebra de uno de los bancos más importantes de la comarca, donde la familia había confiado todos sus ahorros. El resultado: había que empezar todo de nuevo; pero la voluntad emprendedora de la familia hizo que con mucho esfuerzo y trabajo se superara aquella etapa de escasez y penuria.

Fue en 1889 cuando Joan Esteve Marcé tomó una decisión determinante para el futuro de nuestro cava. Decidió viajar a Francia para buscar nuevos tipos de vides, que fueran inmunes al insecto de la filoxera y poder replantar toda la finca. Este hecho causó gran expectación y la viña donde se plantaron estas nuevas variedades recibió el nombre de “La Mirona”, ya que mucha gente iba a ver cómo se adaptaban estos nuevos tipos de vides en nuestra comarca.

La figura de este antepasado se merece un recuerdo especial, ya que fue uno de los principales emprendedores en querer modernizar la explotación y cultivar personalmente todas las tierras.